El perdido arte de escuchar

 

 Nada resulta más hiriente que la sensación de que no nos escuchan lo que queremos decir. De ahí que lo contrario, “disponer de unos oídos dispuestos a escuchar”, resulte una fuerza tan poderosa en las relaciones humanas. Más de veinte años de experiencia en el campo del comportamiento organizacional me han llevado a la conclusión de que gran parte de los conflictos de la vida se pueden explicar por un simple y triste hecho: en realidad no nos prestamos atención los unos a los otros.

 Hablar sin escuchar y oír sin comprender es como cortar un cable eléctrico y luego enchufarlo con la esperanza de que funcione. Esto es  lo que sucede en los procesos de comunicación: muchas veces la rompemos y lo más grave es que ni siquiera nos damos cuenta.

En la era de la hipervelocidad, y del uso creciente de la tecnología los mensajes que tenemos que atender se han multiplicado por infinito. Las presiones han disminuido nuestra capacidad de atención y empobrecido nuestra calidad de vida. Corremos de una obligación a otra y nos aislamos del mundo que nos rodea. Por tanto, demasiado cansados para hablar y escuchar; decidimos optar por el encanto de las nuevas tecnologías, una comunicación unidireccional que nos permite acceder al mundo de la comunicación dando lugar al “síndrome del mínimo esfuerzo”.

Estudios recientes indican que las mujeres, dan mucho juego en las empresas de la sociedad global. Cual es el secreto. “Las mujeres prestan más atención a las emociones. A veces es un detalle, un gesto, el que nos da la clave, de ahí que una de las mejores definiciones de la comunicación que he escuchado es que “La comunicación no es lo que uno ha dicho sino lo que el otro ha entendido”

Con el tiempo, esta incapacidad de escuchar, hija del mínimo esfuerzo, se convierte en un hábito e invade nuestras relaciones más preciadas. A veces la vida es como un eco, sino te gusta lo que recibes, presta atención a lo que has emitido.Para la mayoría de las mujeres, el lenguaje es una manera de establecer vínculos. Para los hombres, es una manera de mantener su jerarquía. Ellos se sienten más a gusto hablando que escuchando; se trata del habla pública. Sin embargo, a nivel privado la situación se invierte; el estereotipo dice que la mujer habla demasiado y que el hombre permanece mudo.Otra modalidad de no escucha es la respuesta autobiográfica, en la que otra persona nos comenta su problema e inmediatamente pensamos en el nuestro. A veces este tipo de escucha se manifiesta a través de dar un consejo no solicitado, interpretar a otra persona, cuando solo han pedido “ser escuchados”. Nuestros corazones interpretan el no ser escuchado como falta de interés o desamor .En la escuela y la universidad se   prioriza leer o escribir   a escuchar. Se parte del supuesto de que la práctica diaria hace innecesaria una formación, que se trata de   agudeza auditiva y que leer es más importante. Los bebés aprenden a hablar, escuchando.  Sin embargo a medida que pasa el tiempo se pierde esta capacidad. Existen estadísticas que aseguran que el 40% de los problemas en las empresas se deben a una falta de comunicación. Una regla sencilla es escuchar sin juzgar.

Escuchar es un proceso que puede ir desde ignorar a escuchar selectivamente. Entender al otro supone un cambio de paradigma  . La mayoría de las personas no escucha con intención de comprender .Se preparan para hablar. A veces, sólo fingimos que escuchamos. Sin embargo, la escucha emocional es el nivel más elevado de la comunicación. Claramente supone el esfuerzo consciente para entender qué está en la cabeza y en el corazón de la otra persona. El arte de escuchar no consiste en estar de acuerdo, sino en comprender profunda y completamente a la otra persona, tanto emocional como intelectualmente.

Author: Alicia

Nominada Mujer Top Cien, en la categoría Académicas e Investigadoras, por tercera vez en el año 2018.